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miércoles, 6 de mayo de 2009

Algunas reflexiones

En la época de poscrisis, el modelo económico capitalista adopta unas características bien distintas a la del modelo keynesiano característico de la posguerra. En el mismo sentido en que se produjo un tránsito hacia otros modos de entender la economía, también el desarrollo se empieza a concebir de manera distinta. Sin embargo, no es hasta la experiencia de Emilia Romaña cuando se implanta con fuerza un nuevo modelo de desarrollo. El desarrollo ya no se entiende a partir de la industria, sino a partir del territorio. En estos territorios las PYMEs pueden ser agrícolas, industriales, de servicios o de cualquier sector y se articulan de manera flexible para lograr ser más competitivas y erigirse como actores del desarrollo territorial. Este modelo se ha llevado a cabo en lugares como Lyon o Cambridge y es el modelo de desarrollo adoptado y fomentado por la Unión Europea. En España, la Comunidad Valenciana ha copiado directamente con éxito el modelo de Emilia Romaña desde los años 80, a partir de sectores tradicionales muy asentados en el territorio como la cerámica o el sector textil. Desde el sector público se impulsó el IMPIVA para gestionar las políticas públicas, los fondos públicos y ejercer de consultoría con el objetivo de fomentar la mejora competitiva y la innovación. Además, se crearon redes institucionales de servicio a las redes empresariales de PYMEs y parques tecnológicos que se encargan de la gestión de la tecnología mediando entre las universidades, los centros de I + D, etc. y el sector empresarial. Hay distintos institutos dentro del territorio según el sector, que comparten sus fondos de manera solidaria en función del déficit o el superávit de cada uno. Occidente recetó aplicar este modelo en Latino América, pero no se tuvieron en cuenta las características culturales, históricas, etc. de los territorios ni se consideraron las restricciones al desarrollo endógeno y las consecuencias fueron negativas. Si algo se ha aprendido es que, aunque se haga de buena voluntad, no se puede ir desde el mundo desarrollado a otros países recetando modelos de desarrollo, sobre todo, cuando lo que se entiende por desarrollo puede ser muy distinto. Para una última reflexión, recomiendo pensar sobre los modelos de desarrollo que se vienen pensando en otros lugares. Hoy he conocido las palabras Sumak Kawsay y suma qamaña, que significan “buen vivir” en quechua ecuatoriano y en aymara. No conozco mucho al respecto pero he visto por el google algunos artículos con buena pinta.

Publicado por Joan

jueves, 19 de marzo de 2009

Del fordismo a la especialización

Todo un proceso de cambio, de nuevas formas de producción, distribución y también de consumo han tenido lugar en la historia de la sociedad desde la llamada Industrialización.

El fordismo, creado por Henry Ford desde finales del siglo XIX, estableció un sistema de producción basado en una cadena de montaje estructurada en la que se obtenían unos bienes finales indiferenciados y en serie que se utilizaban para satisfacer las necesidades absolutas de las personas. Es decir, cubrían un espectro de utilidad básico para los ciudadanos, lo que necesitaban para vivir.

Con el aumento de la prosperidad y el desarrollo económico de una parte del mundo, los trabajadores siguen gastando y consumiendo lo que creen necesario para sobrevivir pero redistribuyen recursos para adquirir otros bienes de importancia más relativa pero que hacen sentirse mejor. Este consumo diferenciado está estimulado por los medios de comunicación, por medio de la publicidad que puede, en ocasiones, crear necesidades nuevas y relativas para que el comprador se interese por los nuevos productos.

En esta trasformación del consumo se tuvo en cuenta la pirámide de ingresos que existía. Se segmentó el mercado llevando a cabo unas acciones de estudio de los consumidores; el márketing se centró y especializó en reconocer las variables psico-sociológicas de un sector de mercado o de otro. En este caso, los precios se van estableciendo según lo que estos segmentos de problación están dispuestos a pagar y así ir poco a poco incrementándolos.

Con esta descentralización de la producción los empresarios observan que la cadena de montaje fordista no sirve para realizar unos productos específicos a un grupo determinado de población. Ya no tenía lugar una demanda tal que abasteciera esa producción masiva. Como consecuencia se deja un poco de lado la producción en serie troceándose la cadena en un nuevos productos más diferenciados.

Las Pymes surgen en esta situación, empresas subcontratadas en muchos casos por las corporaciones a un precio más bajo para ensamblar un producto más complejo. Se produce una tecnología más flexible y polivalente. Es el llamado sistema dual mundial en el que las grandes empresas transnacionales gestionan los recursos que los llegan de las Pymes para sacar a la luz un determinado producto.

Pero la tendencia a partir de mediados de los años 70 es que muchas de esas Pymes, utilizando su poder y ventaja competitiva frente a los grandes conglomerados, se asocian y en pequeños distritos industriales desarrollan productos nuevos e innovadores. Es el caso de la región italiana de Emilia-Romaña en la que por medio de cooperativas, actualmente unas 8.000, se ha desarrollado la economía local de la zona, situándose la renta per cápita de la población un 50 por ciento por encima de la media nacional italiana.

http://www.regione.emilia-romagna.it/

Muchos países y zonas en desarrollo como las latinoamericanas podían utilizar y emplear su potencial comercial dando a conocer el trabajo que realizan en comunidad y que en muchos casos es eclipsado por el poder de las grandes multinacionales que se instalan en estas zonas y no permiten que se lleguen a desarrollar las comunidades apartadas y deprimidas económicamente pero con un alto poder creador e innovador.

Publicado por Jana